Friday, January 29, 2010

Articulos

Construyendo Equipos, Construyendo Muros

No hace mucho tiempo, muchos misioneros vivían en complejos misioneros. Donde yo vivía en África del oeste hace veinte años, había un complejo, una ciudad sobre un cerro. Tenía el único sistema de aire acondicionado y uno de los dos teléfonos de aquel lugar. El complejo estaba ubicado sobre y separado del pueblo, tanto física como espiritualmente.

Hoy en día, pocos misioneros viven en complejos misioneros. Hemos reconocido que no podemos desarrollar relaciones después de haber levantado muros. También nos hemos dado cuenta cuan insultada se sintió la gente local por parte de los misioneros que daban a entender que su manera de vivir era mejor.

Pero el complejo misionero está vivito y coleando. Sus muros no son de piedra ni de adobe, pero son igualmente reales. La distancia entre el misionero y el local es igual de grande y el insulto no intencional es más grande aun.

El complejo misionero de nuestro tiempo es el equipo. La mayoría de las agencias misioneras insisten en que sus obreros formen equipos. Cuando el equipo llega o se forma en el campo, sus miembros esperan que sus necesidades sean satisfechas entre sí. Cuando tienen nostalgia o están estresados; cuando necesitan pedir prestado dinero o encontrar a alguien para cuidar su casa o a sus niños; cuando planean, oran, cuentan el uno con el otro, ellos se apoyan en los miembros de su equipo. ¿Y que tiene eso de malo? Es lo que se supone debe ser un equipo. Los libros sobre los equipos ponen énfasis en que los obreros necesitan el apoyo y la confianza de gente con la misma mentalidad. Sin esto, dicen los expertos, los obreros dejarían el campo colapsados y heridos. Por supuesto, estos mismos expertos nos dicen que la mayor causa de deserción es la fricción con otros misioneros colegas. Estos dos hechos coexisten, pero de alguna manera ignoramos la ironía: Uno necesita de un equipo para sobrevivir en el campo, y dejará el campo a causa del equipo.

¿A qué se parecen un equipo y un complejo misionero? Primero, es una pequeña cultura extranjera en medio del campo misionero. Aún cuando los miembros del equipo vienen de diferentes países, todavía están mayormente unidos por ser diferentes a “ellos” – la gente de afuera.

Segundo, la mayor parte de la vida del obrero de la misión se desarrolla “dentro” del equipo, y su contacto con los locales se parece más a una salida al mundo exterior desconocido – por no decir hostil. Aún cuando las reuniones son mínimas o cuando los miembros del equipo trabajan en diferentes lugares, el equipo sigue siendo el centro de confianza. Desafortunadamente, pocos equipos tienen reuniones mínimas, y pocos obreros trabajan completamente aparte de sus colegas.

Tercero, el equipo, al igual que el complejo misionero, transmite el mensaje: “Dentro de nuestras paredes tenemos amistad, conversación, confianza, ayuda mutua y comprensión. No te necesitamos”. Si no necesitamos a la gente local, nuestra relación con ellos nunca puede ser en igual condición. Sí, necesitamos su comida, sus habilidades lingüísticas, y su autorización para permanecer en su país, pero no los necesitamos como individuos únicos. Entonces, todo nuestro trabajo puede parecer paternalista.

¿En qué presunción no explicada incluso no admitida, se fundamenta la idea moderna del equipo? Estoy de acuerdo en que todo el mundo necesita amistad, confianza y ayuda. ¿Pero por qué asumimos que no lo podemos conseguir de la gente local? Nuestra insistencia de que estos aspectos esenciales vienen de nuestro entorno familiar parece tan peligrosa como el racismo. Hemos reconocido el racismo inherente en el complejo misionero. Ahora es el momento para examinar cuidadosamente el mismo racismo que se esconde detrás del concepto de equipo.

Anteriormente dije que el equipo implica un insulto aún más grande contra los locales que el complejo misionero. ¿Qué significa cuando decimos a otra persona “Puesto que tú eres diferente a mí, no puedo esperar de ti amistad, confianza ni ayuda. De hecho, ni siquiera podría sobrevivir en tu país si no hubiese importado a mis propios amigos.”? Es el muro más grande que uno pueda imaginar.

El EQUIPO COMO UN OBSTÁCULO PARA TRABAJAR
Cuando mi esposo y yo llegamos por primera vez al campo misionero, las circunstancias nos ayudaron a pasar por alto los requisitos de nuestra agencia de pertenecer a un equipo. Llegamos sin conocer nada, con tres pequeños niños y un cuarto en camino. Todo lo que necesitábamos tenía que venir de la gente local. Conocíamos a una persona que hablaba inglés. Nuestros profesores de lenguaje sabían únicamente el idioma natal. Si teníamos que comprar algo, ir a algún lugar, reparar algo, enviar por correo, cocinar o entender algo, acudíamos a nuestros amigos locales.

Era maravilloso. Aprendimos rápidamente el idioma, desarrollamos muchas relaciones personales y fuimos capaces de vivir simple y abiertamente. Esto era importante porque la gente había escuchado muchas mentiras de los musulmanes y de los comunistas acerca de los misioneros. Pero puesto que nuestros vecinos estaban involucrados en la mayoría de los aspectos de nuestras vidas, vieron que éramos gente normal.

Por varios años no recibimos nuevos miembros en nuestro equipo. Posteriormente nuestra agencia envió a varias personas para que sean parte de nuestro equipo. Los nuevos obreros, dijeron que se estaban uniendo a un equipo, naturalmente nos miraban a nosotros cuando necesitaban ayuda. Nos solicitaron hacerles seguimiento y escribir informes mensuales sobre su salud física, mental y espiritual. Nuestro tiempo con los amigos locales se redujo drásticamente. Cuando tenía una hora entre las tareas escolares de mis hijos, los quehaceres domésticos y la enseñanza del inglés, tenía que hacer visitas pastorales a los miembros del equipo. Sentía que ellos esperaban que lo haga – y en algunos casos me dijeron directamente que estaban resentidos por la falta de “cuidado” que les dábamos. Otros sentían que el equipo consumía demasiado de su tiempo. Nos dimos cuenta que era imposible satisfacer las expectativas de todos con los que trabajábamos.

Pocos meses antes de llegar, se habían parado frente a sus iglesias y habían profesado su llamado a trabajar con un pueblo. Ellos estaban apasionados por lo distante y exótico, habían orado por las dificultades que iban a atravesar para servir a Dios. Ninguno pretendía que su llamado era a un equipo de occidentales. ¿Que pasó con ellos? Esperaban tanto de nuestro equipo que les quedaba poca energía para dejar el “vínculo” relacional.

Hace algunas semanas estuvimos terminando la evaluación anual de los miembros del equipo exigida por nuestra agencia. Le pregunté a un miembro del equipo ¿Cuáles son tus expectativas de participar en un equipo? Ella es una misionera fuerte y dedicada, y se había evaluado justificadamente alto en sus relaciones con la gente local, su trabajo y su vida espiritual. Pero se calificó con la nota más baja en cuanto a la participación en el equipo. Ella estaba haciendo el trabajo que Dios le había llamado a hacer y estaba viviendo una vida sana en el campo. ¿Qué más necesitaba del equipo o necesitaba hacer para el equipo? Ella dijo “no sé” levantando sus hombros. Sentía que no cumplía con las expectativas de un “equipo”. Las misiones modernas han agregado esta categoría adicional de cumplimiento respeto al equipo, y como consecuencia los mejores y más eficaces obreros transculturales se sienten fracasados.

El EQUIPO COMO UN OBSTÁCULO PARA LA AMISTAD
El equipo no solamente interfiere en las relaciones con los locales, sino que también construye muros entre sus miembros los cuales se espera sean amigos. Estoy por completo para los amigos. ¿Pero es un equipo el mejor medio para proveer confianza y simpatía – para encontrar amigos?

El equipo no es una relación bíblica. La amistad es una relación bíblica – vemos a David y Jonathan (1 Samuel 18:1-4) entre muchos otros ejemplos. El matrimonio y la familia también son ordenados por Dios – “El Dios que hace habitar en familia los solos” (Salmos 68:6). La comunidad de la iglesia también lo es – como lo vemos en Hechos y en las epístolas. El empleado y el empleador, el anfitrión y el huésped, e incluso el dueño y el animal son reconocidos, descritos y hasta aprobados abiertamente o por implicación. Pero un equipo no lo es.

Jesús envió a sus discípulos de a dos. Si los equipos estuvieran limitados a dos personas solteras enviados en una misión de corto plazo, no tendría ningún problema con esto. Pero en Lucas 10, Jesús envió parejas delante de él. Ellos tenían que preparar el camino para él, y no establecer su propio trabajo allí. Él también les dijo que se queden en las casas locales y que confíen en sus anfitriones. Sus instrucciones claramente varían de nuestras prácticas de establecer equipos con otros extranjeros.

A menudo Pablo viajaba con algunos consiervos. Estas personas eran amigos de Pablo que viajaban con él siempre y cuando era bueno para el cumplimiento de sus metas. Cuando Pablo y Bernabé se separaron por Juan Marcos, la iglesia, su “agencia enviadora” – no insistió en que Pablo regresara inmediatamente hasta que pudiera encontrar otro compañero aprobado por la administración. A menudo Pablo viajaba con amigos que había hecho en el lugar donde había trabajado. En la mayoría de casos, aparentemente él podía escoger con quien trabajar.

A veces la iglesia enviaba un grupo para una misión en particular, como en Hechos 15:22. Pero estas personas llevaban una carta específica y eran líderes capaces de responder a las preguntas acerca de las decisiones contenidas en la carta. Ellos no fueron enviados para vivir juntos un largo tiempo en Antioquía como un equipo.

EL EQUIPO BASADO EN LAS DEBILIDADES, NO EN LAS FORTALEZAS
¿Si no es una relación bíblica, en qué está basada la relación de un equipo? Está basada en la suposición de que si los misioneros no tienen un grupo de apoyo ellos se desquiciarán. Un libro acerca de los equipos afirma que para ser efectivos en el campo, los obreros necesitan “dosis regulares de cuidado” de parte de los especialistas. “Una dosis” es un término usado para los tratamientos médicos. Este modelo es una terapia para los enfermos, no una vida normal para los sanos. El ministerio del Espíritu Santo, la comunión de amigos y el apoyo del cuerpo de Cristo aparentemente no son suficientes para garantizar nuestra salud en el campo. Existen relaciones sanas y eficaces entre los consiervos en el campo. Permítame describir una.

El obrero A sirve en un orfanato con varios colegas occidentales. Imagíneselo parado hombro a hombro con sus consiervos, no cara a cara. Aunque ellos no le agradan a él, ellos cooperan. Al final del día y los fines de semana, él se refugia en las relaciones bíblicas de familia, amigos, iglesia, etc. El tiene confianza natural con sus consiervos. Ellos comienzan el día orando juntos, se reúnen ocasionalmente para reuniones de staff, y pocas veces al año salen en grupo juntos. Pero el enfoque del obrero A es hacia el exterior, en su trabajo. Este es un modelo saludable y normal de trabajo maduro y es el modelo que la mayoría de nosotros a menudo seguimos en nuestros países de origen. El obrero B, por otro lado, pertenece a un equipo que pone las relaciones de equipo en primer lugar. Tienen reuniones semanales para tratar los asuntos del equipo. Ellos han dado pruebas de personalidad, estilo de trabajo y dones espirituales. Todas las semanas pasan varias horas hablando de sus sentimientos, en lugar de hablar de trabajo o de algún tema externo. Hay incompatibilidades de personalidad inevitables, así como hubo entre los consiervos del obrero A. Pero puesto que este equipo se enfoca hacia adentro, tienen más oportunidades para herirse, para malos entendidos, y para guardar rencor. Y realizan menos trabajo efectivo entre el pueblo objetivo.

Las reuniones de oración y de staff y las reuniones sociales del obrero A pronto incorporan a colegas locales de la misma mentalidad. ¿Y por qué no? Ellos tienen los mismos objetivos que los occidentales. Las reuniones del obrero B, sin embargo, se limitan al equipo, ellos creen que la amistad, la confianza y la ayuda tienen que venir de la gente igual a ellos.

El obrero A va a su casa al final del día con su familia o amigos, a sus pasatiempos y a sus devocionales privados. El obrero B, (en muchos casos) después de haber pasado la mayor parte del día con los miembros de su equipo, sale nuevamente en la noche para la reunión del equipo.

El EQUIPO COMO UN OBSTÁCULO PARA LAS RELACIONES BIBLICAS
El equipo, una relación no bíblica, termina interfiriendo con la sanidad de las relaciones bíblicas. Puedo decir por lo que he observado que el concepto de equipo se utiliza para suplantar otras relaciones. Una amiga de otra organización, que tiene tres niños pequeños, está turbada por las reuniones obligatorias y semanales de su grupo. Ella no querría dejar a sus niños con una babysitter tan a menudo. Si traía a sus niños a la reunión, los otros miembros se quejaban. Si se quedaba en su casa, los otros miembros del equipo la miraban como una obrera a medio tiempo. El mensaje era que el equipo era más importante que la maternidad. Esta situación, junto con otras, ha causado a su familia tanta presión que actualmente no están en el campo.

He trabajado en ambas situaciones de camaradería natural y en equipos impuestos externamente. He notado que cuando invito a la gente a mi casa “sin razón alguna”, ellos reacciona en forma recíproca con sus propias invitaciones. Pero cuando los invito porque mi esposo y yo somos líderes de equipo, nadie hace lo mismo. Después de todo, estoy llamando para una reunión. Tengo invitados y les sirvo comida y bebidas cada semana o cada dos semanas, pero rara vez me invitan a sus casas. Si el equipo existe para la amistad, tengo menos amigos que los que tendría de otra forma. Tengo más relaciones recíprocas con los extranjeros del pueblo que no son parte de mi equipo, sin mencionar los amigos locales.

Irónicamente, aún la confianza es más difícil en un equipo. A causa de nuestra posición como líderes, las visitas de mi esposo y las mías se preocupan – “¿Hemos hecho algo mal?” piensan los miembros. Ellos dudan en compartir sus preocupaciones y fallas porque temen que incluiremos sus comentarios en un informe. Veo el contraste claramente. Nuestras relaciones con otros obreros en el pueblo son más abiertas y tranquilas que con nuestro equipo.

¿Pero no necesitamos una estructura en caso de emergencia? Hace muchos años mi esposo y yo estuvimos en África del oeste con el Cuerpo de Paz. Los voluntarios en el campo no tenían una estructura formal – sino solamente una libre relación de camaradería que incluía también a muchos africanos. Una voluntaria tuvo una crisis nerviosa, ocasionada por problemas familiares y por la sangrienta violencia en el pueblo donde vivíamos. Cuando la necesidad se presentó, todos nos unimos. Tres de nosotros nos quedamos con ella día y noche mientras que mi esposo enviaba un mensaje a la capital para hacer los arreglos de sus vuelos. Yo volé con ella a la ciudad y la deje únicamente cuando estaba en las manos de una enfermera camino a los Estados Unidos. Otros empacaron sus pertenencias. Después regresamos a nuestros trabajos y a nuestras vidas.

Los problemas mentales reales, así como los físicos, requieren de ayuda profesional. Esta mujer necesitaba cuidado psiquiátrico, y lo recibió casi inmediatamente. No era necesario un equipo. Era necesario gente de buena voluntad. La amistad, la confianza y la ayuda son esenciales en el campo, pero el equipo los formaliza y finalmente los distorsiona. Cualquier persona que no puede construir relaciones sanas y mutuamente beneficiosas no debería ser misionero/a.

EL EQUIPO COMO UN OBSTÁCULO AL LLAMADO DE DIOS
Un equipo puede también obstaculizar nuestro llamado en maneras prácticas. Un manual de equipo de una organización describe las responsabilidades del líder del equipo:

“El tiene que escribir las estrategias del equipo y revisarlas anualmente: presentar informes mensuales sobre todos los aspectos del trabajo y las necesidades en el campo; informar a la oficina central de todos los viajes y de otras actividades de los miembros del equipo; coordinar con la oficina central respecto de posibles reclutas para el equipo; asegurar las reuniones del equipos regularmente para tiempos de comunión, oración, estudios bíblicos, entrenamiento, y conversación sobre el trabajo de plantación de iglesias; asegurarse de que se dé a cada miembro cuidado pastoral y supervisión; coordinar con la oficina central acerca de los asuntos pastorales; apoyar a cada miembro del equipo a través de la oración, el apoyo práctico, y el consejo; apoyar el trabajo de la organización a través de la oración; ayudar a los miembros del equipo con el manejo del estrés; reunirse con cada miembro regularmente y completar un formulario de evaluación anual, así como también otros formularios conforme se le sea requerido; asegurarse de que haya planes de contingencia en casos de emergencia y de que cada miembro los conozca; ser anfitrión, orientar, apoyar, y entrevistar a visitantes y a obreros de corto plazo; ayudar en el trabajo de cobertura más amplia de la organización; asegurar las oportunidades de entrenamiento y de liderazgo para los miembros; monitorear las salidas sociales de los miembros; y participar en las conferencias de staff, en las reuniones del liderazgo, y en las reuniones del consejo”.

A cualquiera que efectivamente cumpla todas estas expectativas le queda poco tiempo y energía para cuidar a su familia, si es que la tiene, o para alcanzar a la gente a la que Dios le ha llamado. Pero no considere únicamente el tiempo requerido; observe también hacia donde está dirigido su tiempo y trabajo. Ninguna de estas responsabilidades delineadas se relaciona con la gente local. Estas responsabilidades no solamente interfieren con el llamado del líder del equipo, sino que también exigen que él o ella interfieran con el llamado de los miembros de su equipo. No se menciona la obra de Dios, solamente el trabajo más amplio de la organización.

Los miembros del equipo también tienen menos tiempo para pasar entablando amistades locales. Ellos tienen reuniones del equipo, informes y evaluaciones, más la interacción artificial llamada “cuidado pastoral”. Este mismo documento menciona 14 responsabilidades para los miembros del equipo; solamente dos de ellos – hacer los trámites de visas y aprender el idioma – implican que viven en un país extranjero.

Los equipos, así como otras burocracias, tienden a disminuir la efectividad para la que fueron formados y que debían promover.

Una familia misionera, que actualmente vive en Los Estados Unidos, está debatiendo el regresar al campo misionero. Ellos aman el país donde sirven y saben que el trabajo es importante, pero están colapsados por las tareas administrativas inherentes al equipo y a la organización. En otro lugar, el líder de equipo de otra pareja por más de un año les ha estado negando el permiso para mudarse a un pueblo al cual se sientan llamados. La amistad, la confianza y la ayuda están disponibles allí, pero no a través de su equipo ni de su organización. Entonces, ellos tienen que quedarse en la capital con su equipo. El principio de Pedro también sirve: Se promueve a la gente más allá de su competencia e intereses. Mi esposo y yo fuimos promovidos a líderes del equipo cuando otros se nos unieron porque éramos de mayor edad, con más experiencia y bien adaptados a la cultura. Hablábamos el idioma y teníamos una buena red de relaciones interpersonales locales. En ese punto, nos dijeron que seríamos líderes del equipo. No se nos dio otra opción. El ministerio que habíamos realizado con excelencia fue reemplazado con trabajo en el cual no habíamos mostrado competencia y que hubiéramos evitado si nos hubieran dado la opción. Más importante aun, sentíamos que este trabajo era innecesario y dañino desde el principio.

Compartimos nuestro desagrado con un líder en nuestra organización. El contestó con el brillante ejemplo de otro misionero que había abandonado “sacrificialmente” su propio llamado por todas las tareas absorbentes del liderazgo de un equipo. No menosprecio a alguien que toma el papel de un siervo – estamos aquí únicamente porque la gente nos apoya desde nuestro país de origen. Espero que nos estén apoyando en obediencia al llamado de Dios. Pero este ejemplar líder del equipo fue llamado para servir a un pueblo en particular, no a un equipo. A propósito, el dejó el campo definitivamente.

¿Han sido llamados los misioneros a pertenecer a un equipo? Si creemos que nuestro llamado es de Dios, entonces el tiempo que pasamos fuera de nuestro llamado y de nuestras relaciones bíblicas es simplemente desobediencia. Si Dios nos llama a saltar a un río y salvar a una persona que se está ahogando, él no espera que nosotros perdamos tiempo en la orilla llenando formularios del seguro. Asimismo, cuando Dios nos envía a un pueblo en peligro espiritual, él no espera que perdamos tiempo en tonterías administrativas innecesarias y dañinas. Las agencias misioneras que aceptan gente que ha sido llamada a los sudaneses, los tailandeses o a los indigentes, y después les hacen imposible a estos misioneros el trabajar con estos grupos, están conduciendo a hermanos cristianos hacia la desobediencia. Si los equipos hicieran a los obreros más efectivos en su llamado, yo los apoyaría. Pero no es así. Estas agencias están poniendo el llamado de Dios en segundo lugar después de los requisitos burocráticos y formas.

Las misiones, como cualquier otro campo profesional, están sujetas a las modas pasajeras. El trabajar en equipo está tan de moda hoy en día que en una reciente conferencia de misiones, se mencionó el tema casi en todas las discusiones. Hablamos acerca de la evangelización en equipos, el plantar iglesias en equipos, y el abrir nuevos campos misioneros con los equipos. Era casi una mantra. Nadie preguntó por una definición de equipo ni ofreció un camino alternativo para enfocar el trabajo. La falta de pensamiento crítico nunca es buena.

¿Por qué no abandonar la estructura de equipo como una meta en sí mismo? Todo el mundo necesita consejo, ánimo, guía y amistad. Si no existieran los equipos, los obreros eficaces buscarían lo que necesitan en sus amigos nacionales, empleadores, otros extranjeros, miembros pastorales de su agencia, y en sus amigos y pastores en su país natal. El correo electrónico y los viajes por avión nos permiten encontrar apoyo en muchos lugares diferentes. Grupos libres formados para cada misionero pueden ser creados y deshechos según las circunstancias. Es el tiempo de reconsiderar la moda de los equipos, sus fundamentos y efectos, y después rededicarnos al verdadero trabajo de misiones – alcanzando a los perdidos, y no supervisando a los salvos.


Damaris Zehner trabajó como misionera por siete años en Asia Central. Y aunque es ciudadana Americana, nació en Bangladesh y vivió más de una tercera parte de su vida en Asia, África y Europa. Profesora de inglés, es casada y madre de cuatro hijas. Ella y su familia viven actualmente en el área rural del estado de Indiana. Cualquier comentario sobre este artículo es bienvenido de parte de la señora Zehner. Favor escribir a zfamk@securenym.net

2 comments:

Gisella said...

Ciertamente un llamado a la reflexión y al serio autoanálisis del por qué y el cómo hacemos las cosas en el campo misionero. Creo que hay que poner correctivos, pero no necesariamente prescindir de los equipos. El problema de los equipos radica en los individuos que lo componen, y no en los grupos precisamente.

Ete. F said...

GRACIAS POR PUBLICAR ESTE MATERIAL.
ES DE GRAN UTILIDAD.
HACE AÑOS SIENTO EL LLAMADO AL APOYO INTEGRAL A MISIONEROS Y LA NECESIDAD DE FORMAR UN EQUIPO MULTIDISCIPLINARIO Y DE DONES DONDE PODAMOS SERVIR A LOS OBREROS PARA QUE ELLOS SIRVAN MEJOR.
EN ALGUN MOMENTO,ESPERO,POR LA GRACIA DE DIOS, PODER ASISTIR A UNO DE ESTOS SEMINARIOS. ET. URUGUAY